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Inteligencia emocional: 3 estupendos pasos para ser infeliz

La inteligencia emocional tiene varias dimensiones. La primera es el autoconocimiento, al que hace referencia el primer paso. La segunda es el autocontrol, (segundo paso)  y el tercer paso está relacionado con la automotivación. En los últimos veinte años ha crecido a un ritmo de casi un 1% anual el porcentaje de personas que afirma ser infeliz con el trabajo que realiza. Hoy, un 70% de personas lo afirman. Sigue al pie de la letra estos consejos y tendrás asegurado un puesto en ese 70% e incluso lograrás la perfección de estar también mal en tu vida personal.

 

  1. Trata de ser feliz a toda costa.

Pues sí. Si tu meta es ser feliz lo más probable es que no lo consigas. Todos queremos ser felices. Te voy a contar una cosa que seguro ya sabes pero que es posible no tengas interiorizada. La felicidad es una consecuencia deseada de algo, pero no una meta en si misma. Es posible que llegados a este punto te toque reformular tus metas. Me explico mejor. La verdadera felicidad se alcanza como recompensa que obtenemos cuando hemos hecho un esfuerzo para alcanzar algo deseable. Sin esfuerzo no hay felicidad. Lo cual, por cierto, es lo contrario de lo que nos están, estamos, vendiendo. Los atajos no harán otra cosa que hacerte perder el tiempo y alejarte de tu camino. Una de las formas de medir la madurez es la capacidad que tiene la persona de distanciar, de dilatar, el tiempo que existe entre el esfuerzo y la recompensa. Los inmaduros, por ejemplo los niños pequeños, necesitan rápidamente el caramelo tras su buena obra. Y el síndrome de Peter Pan es cada día más frecuente en tipos bien entrados en años cuya fragilidad psicológica está recubierta de una capa de filosofía de vida completamente hamburguesable. Haz lo que debes y seguramente serás feliz. Haz lo que quieres, date ese gusto, y luego pregúntate porqué no eres feliz.

  1. Quéjate. Quéjate mucho.

Es bueno contarle tus problemas a alguien. ¿Pero a todo el mundo? Hay quién lo hace continuamente y otros lo hacen en algunas épocas. Si inundo mi entorno con mis problemas y a todos cuento lo duro que son las cosas y lo mucho que me cuesta sacar adelante mis proyectos, ellos me contarán también lo duro que es todo. Y de esa retroalimentación solo puede venir un pesimismo vital desmovilizador, y lo que en lenguaje experto se denomina “mala leche”. Lo que piensas te define. Lo que dices te da forma. Habla diferente y cambiarás.

  1. No te preocupes de lo quieres a medio y largo plazo.

“Vive el día a día. El mañana quien sabe. No merece la pena hacer planes, ¿no?, la vida te los tira por tierra o yo cambio el gusto. Además, puedo frustrarme si me pongo metas y luego no las alcanzo, así que prefiero vivir el día a día”

Genial. Si piensas así eres carne de insatisfacción. Solo desde la debilidad psicológica se me ocurre que alguien no caiga en la cuenta de que la mayor frustración es haber vivido sin metas. Prefiero mil veces la insatisfacción de no haber alcanzado cosas que me propuse que simplemente no haberme propuesto nada por miedos. Los pies en la tierra y la cabeza en el cielo. Vive el hoy, si no disfrutas del camino lo más probable es que tampoco lo hagas de la meta. Pero andar sin rumbo, durante mucho tiempo te acarreará muy buenas y divertidas historias pero poca sustancia. Fuegos de artificio. Bienaventurados aquellos que saben bien lo que quieren, porque ellos tendrán una autentica ventaja competitiva.

 

Artículo escrito por Sergio Herrero