Habilidades Directivas y Personales

Ver la paja en el ojo ajeno

Que una máquina pueda quitarle el trabajo a una persona, no es algo realmente nuevo, podría decirse que la Revolución Industrial sentó un buen precedente en este sentido. No estoy yo para augurar el advenimiento de una nueva Revolución Industrial con consecuencias comparables en magnitud a la original, pero lo que sí que puedo augurar, simplemente porque se palpan en el aire, es algunos cambios profundos que la tecnología va a imponer en nuestras vidas a corto y medio plazo.
La visión de que los robots (por generalizar mucho el término) puedan sustituir a los seres humanos en sus trabajos cotidianos es una realidad cada día más cercana. Cuando hablo de robots, no me refiero solo a las maquinas antropomórficas con pies, brazos y proporciones humanas, sino básicamente a cualquier dispositivo automatizado que realiza una tarea de manera más o menos autónoma.
No dejo de maravillarme con los avances en robótica a todos los niveles (desde el doméstico al industrial), con ejemplos tan sencillos como los robots de limpieza con forma de disco (popularizados por un modelo de nombre muy musical, aunque a día de hoy encontramos diversos modelos y marcas de características similares). Cierto es que tales modelos a día de hoy no limpian con la misma eficiencia que una persona humana. Sin embargo, si habéis visto como limpiaban sus modelos antecesores de hace tan solo tres años, y veis como limpian los de ahora, podréis fácilmente extrapolar la eficiencia de un aparato de esas características dentro de 5 o 10 años.
¿Y qué pasará entonces cuando un robot tenga más eficiencia y cause mucho menos gasto que su contrapartida humana?
Como es fácil ver la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio, de cuando en cuando pienso en qué otros sectores pueden verse afectados por la revolución tecnológica que vivimos actualmente, especialmente pensando en aquellas actividades que pueden afectar (para bien o para mal) a mi vida profesional. Tampoco me voy a poner ahora a detallar este análisis, cuyos resultados probablemente solo interesan a aquellas personas que tengan mi misma profesión. Para resumir mucho, por aquello de la viga en el ojo propio, diré que mi propia profesión ya está en vías de transformación a medio y largo plazo. Me guste o no, me tengo que adaptar a esos cambios, si quiero permanecer activo y competitivo en el mercado laboral.
Eso es de lo que trata en esencia este artículo, de los cambios y de nuestra actitud hacia ellos.
La realidad social es hoy es que el mundo cambia más rápidamente de lo que muchas veces nos gustaría. No es solo que la sociedad que conocemos hoy, y sus reglas, no se parezcan mucho a la realidad para la que nos prepararon cuando éramos pequeños. Podríamos decir que eso es lo de menos. Lo peor tampoco es que siga cambiando a mayor velocidad de lo que a veces nos gustaría. La peor parte es que muchas veces no queremos aceptar que el mundo está cambiando, y que tales cambios no afectarán a la próxima generación, sino que nos afectarán a nosotros mismos dentro de cinco o diez años, esto es, cuando todavía estemos activos profesionalmente.
El mundo cambia rápidamente, si, pero si prestamos suficiente atención de manera continuada, no nos resultará difícil intuir los cambios futuros, especialmente si se producen en ámbitos profesionales que conocemos profundamente (porque trabajamos en ellos)
El problema es que tales cambios muchas veces son impuestos. Los cambios nos causan conflictos porque nos obligan a abandonar nuestra cómoda vida y a reaprender parte o todo de lo que conocemos. Y por ello, muchas veces, ignoramos conscientemente la realidad de los cambios que se avecinan como si el hecho de ignorarlos realmente hiciera que no fueran a suceder. Pero no ocurre así. Suceden, y cuando llega ese momento, la transición que podríamos haber realizado con tiempo, con calma y sin dolor, se produce de manera precipitada y dolorosa.
La moraleja de este artículo, por tanto, es que estemos todos pendientes a los cambios que se puedan producir en nuestra profesión, y que los vayamos absorbiendo poco a poco para que la transición, ya que es inevitable, sea lo más agradable posible.
Artículo escrito por Jose Vicente Carratalá


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